27 de abril 2019.
Sala Mon
Una segunda oportunidad que
muchos no dejamos pasar y que supuso un maravilloso reencuentro que ya tuvo su aperitivo
en el mismo lugar, cuando todavía se llamaba Penélope, hace un tres años con la
actual formación de la banda comandada por el guitarrista Julio Castejón que invitaba al vocalista Miguel Oñate a participar en media docena de temas. Una delicia que
nos dejó con ganas de más, y que no hacía presagiar que hubiera oportunidad de
darnos el atracón del menú completo de todos los temas de los dos discos
mencionados anteriormente, con un par de extras incluidos.
Al igual que en La Riviera, además
de Castejón y Oñate, participaron otros dos de los pilares aquella época, el
bajista José Ramón Pérez “Guny” y el
teclista Jorge García Banegas,
quedando la presencia del batería Enrique
Cajide como prácticamente testimonial tocando en un solo tema dado su
estado físico. Para ocupar los tambores resulta difícil encontrar a nadie mejor
que José Martos (Atlas, Niágara,
Barón Rojo, Topo), y él fue el encargado de dar ritmo y solidez a los temas que
sonaron de lujo durante todo la velada.
Una velada que comenzaba pasadas
las nueve de la noche entre las notas de fondo de la banda sonora de “Encuentros en la Tercera Fase” como
oportuno preludio a “El Regreso” con el que arrancaron para empezar a subir una
temperatura ya de por sí bastante alta en la sala, no hubiera estado mal que
hubieran puesto el aire acondicionado al principio del concierto y no al final
del mismo.
En cualquier caso esta
circunstancia no parecía importar demasiado a una entregada audiencia que
siguió disfrutando con la divertida “Que Siga El Show” en la que lució
sobremanera la guitarra de Julio,
para sin pausa pasar a dar más protagonismo a los coros y teclados en una
maravillosa “Es Nuestro Momento” que sonó de impresión. Un sonido que se tornó
más sinfónico y envolvente en la intensa “Joven Ruso”, adecuadamente ilustrada
en la pantalla de vídeo con imágenes de la Guerra Fría, para volver a terrenos
más directos y asequibles con socarrona “Concierto Fatal”.
Primer bloque superado, chaqueta
fuera de Oñate, y a seguir con otro
de los momentos destacados de la noche con “Desaparecido” en la que el
vocalista mostró un poderío y capacidad interpretativa al alcance de muy pocos
y que fue capaz de mantener hasta el final del show, algo que la verdad
sorprendió muy gratamente a buena parte del respetable entre los que me encuentro.
Con “Frente al Espejo” se relajó el ambiente mostrándonos su lado más tierno
con Guny sentado en una banqueta y
con Julio cambiando de guitarra para
desgranar esta deliciosa pieza.
Volvieron a subir el ritmo tras
una vacilona entradilla instrumental con “Contrarreloj” otro señor temazo con el
que nos hicieron vibrar, al igual que con “Tenías Razón” de lo más cañero de la
noche con Banegas en primera línea
con uno de sus teclados colgado al hombro y con Castejón tirando de Ibanez para darle un sonido más hard rockero,
algo que no es demasiado habitual en el veterano guitarrista.
Tras una pequeña charla de Oñate siguieron en la misma línea con “Richi
(Estrella del Rock)”, para continuar compartiendo voces con Julio en la desenfadada “Secuestro
Legal” pasando después a, probablemente, el momento más intimista y entrañable
de la actuación sentándose Castejón al
piano para cantar “El Hijo de Lindbergh” acompañado a la acústica de doce cuerdas
por su hijo Enrique. Una deliciosa
interpretación como lo fue la de “Tiempo Gris” con otro Enrique como protagonista, Cajide,
que se tomó las baquetas tras una emotiva introducción de su amigo con el que comenzó la aventura
musical hace más de cuatro décadas. Para la ocasión contaron también con Lorenzo Azcona al saxo dándole el toque
jazzie, ya con Miguel de vuelta a la
voz.
Retomaron el pulso más brioso con
dos de los temas más celebrados y directos del set, “La Batalla” y “Buffalo Vil”,
que sonaron magníficos con el grupo transmitiendo una energía tremenda, para
sorprendernos seguidamente con dos temas que aparecieron como caras b en su
momento y que acertadamente recuperaron para la ocasión. El primero de ellos “Dinos
Que Fue” es básicamente la segunda parte del mítico “Rocinante” de su álbum de
debut, continuando con la historia del mítico caballo quijotesco,
desarrollándose a medio tiempo sobre una preciosa melodía de guitarra y
teclados. El segundo “Justo y Traidor” resultó mucho más rotundo rozando de
nuevo el hard rock, y era más reconocible por los fans, además de por su
pegadizo estribillo, porque ya aparecía en la grabación del vídeo LP de “Más Que Una Intención” grabada al aire
libre en los Montes de Toledo.
Para el cierre antes de los bises
quedaba la traca final con la celebérrima “Más Que Una Intención” que sonó como
lo que es, un himno inmortal palmeado y coreado a pleno pulmón por todos los
presentes, que no tardamos mucho en seguir disfrutando con otro de los puntos
culminantes del show, una espectacular interpretación de “La Paz Es Verde” en
la que cantante de Craneo y Phantasy, amén de manager del grupo, Joan Cheka, se unió a Miguel para cumplir, según nos dijo, uno
de sus sueños formando un espectacular dueto mostrando un gran nivel vocal.
Tras las pertinentes
presentaciones y agradecimientos por parte de la banda y del propio Cheka, inductor principal de la
reunión, llegaba el broche definitivo con la festiva “Nada, Nadie, Nunca”, de
nuevo con Azcona acompañando con su
saxo, resultando un brillante y magnífico fin de fiesta que se prolongó
mientras se desalojaba la sala sonando de fondo una curiosa versión acústica de
“Días de Escuela” que fue reclamada por buena parte de los fans, y que acabó
sonando aunque fuera enlatada.
Excelente concierto de unos
excelentes músicos que nos llevaron con la magia de su música y su buen hacer a
recordar una maravillosa etapa del rock español en general y de uno de sus
máximos exponentes en particular. Lo que ya no me atrevo a asegurar, ni en un
sentido ni en otro, es si esta experiencia tendrá continuidad o volverá a
repetirse esporádicamente en el futuro. Dado el resultado de estas dos citas en
apenas un par de meses probablemente lo más normal sería que hubiera más veces,
pero eso está en la mano de la banda y, al menos por ahora, es una incógnita.
De momento nos quedamos con el imborrable recuerdo de la noche del pasado
sábado, sin duda una de las más grandes que hemos podido disfrutar últimamente.
Gracias Asfalto.
Mariano Palomo
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