miércoles, 2 de noviembre de 2011

BARÓN ROJO

22 de Octubre 2011. Palacio Vistalegre

La formación original de BARON ROJO presentó en Madrid su epílogo de la interminable gira de 30 aniversario, la cual, recordemos, tuvo su primera actuación antes de tiempo, en 2009, y ha terminado un poco pasada de fecha, más de dos años después. Podemos dar por seguro que volverá a haber más ocasiones, aunque lo más probable es que no sea el próximo año ni el que viene. En cierta medida, esta gira de reunión ha supuesto una relativa decepción por los pocos bolos que se llegaron a celebrar. Sin embargo, en Madrid se han desbordado todas las previsiones. Parecía un poco arriesgado pretender llenar la sala para más de 3000 personas que tiene el complejo de Vistalegre, pero tan masiva fue la venta de entradas que a última hora se tuvo que utilizar la misma plaza de toros con aforo reducido, para poder dar cabida a los más de 6000 asistentes. El propio Sherpa reconoció a mitad del concierto que hace unos años jamás se habría imaginado algo así ni en sus mejores sueños.
Un cuarto de hora antes del comienzo se emitió un trailer de la película documental con la historia del grupo que se está rodando en los últimos meses. Y dos minutos antes de las 20:30 los barones arrancaron con “Son Como Hormigas”, para continuar acto seguido “Los Desertores del Rock”. Al igual que en el resto de actuaciones de esta gira aniversario, se limitaron a todos los discos de estudio de la formación original, con la triste excepción de “Obstinato”, lo cual es una pena, y bastante difícil de entender, porque la banda actual con Rafa y Gorka sí suele tocar “Vampiros y Banqueros”. Por lo demás, el repertorio fue muy similar al de las actuaciones del pasado año, interpretando casi completos los tres primero trabajos, una buena porción de “En Un Lugar de La Marcha” y algunas muestras de los dos álbumes siguientes. La alternancia a las voces de Sherpa y Carlos, fue llevada casi a rajatabla. Al poder dosificar su rendimiento, los dos cantaron bastante bien. También Armando, inagotable como siempre, tuvo parte de protagonismo vocal, con “Hermano del Rock And Roll”, “Anda Suelto Satanás” y una de las grandes sorpresas de la noche, nada menos que “Chica de la Ciudad”, que quedó muy original con su voz y con el ritmo un poco cambiado que la imprimieron, casi parecía una marcha militar. En cuanto al montaje, como ya es costumbre detrás del escenario había una enorme pantalla en la que aparecían imágenes alusivas a las letras. De nuevo Sherpa solía ejercer de presentador de la mayoría de los temas. Para no ser menos que Carlos, el bajista ha perdido 14 kilos. Parece que no le ha dado tiempo a renovar el vestuario, porque llevaba una camiseta que le venía grande unas cuantas tallas. Al contrario que en Zaragoza en el 2009 y en el primero de La Riviera, esta vez no se percibía mucha complicidad entre José Luis y los hermanos De Castro. Suponemos que los meses de convivencia terminaron haciendo mella, aunque desde el punto de vista musical todos hicieron su parte con una profesionalidad impecable, muy especialmente Hermes, cuyo aguante tanto tiempo a los tambores a sus casi 60 años es sencillamente asombroso.
Quizá la parte más negativa de la actuación fue el sonido. Ya sabemos que no es un recinto muy adecuado para la música. A decir verdad, donde nos encontrábamos nosotros no se oía demasiado mal, pero a la salida muchos se quejaban y algunos estaban realmente cabreados. Sin embargo mientras duró la actuación el entusiasmo de la gente no se vio empañado por el desastre técnico. Precisamente en la que fue sin duda la canción mejor recibida de la noche, “Concierto para Ellos”, el público estaba tan volcado cantando que era imposible escuchar la voz de Sherpa. Así cualquiera puede con el mal sonido. Uno de los temas más inesperados del repertorio fue una vez más “Travesía Urbana”, que les quedó genial y fue muy aplaudida. Menos valoradas fueron “Señor Inspector”, que aunque la interpreta la formación actual era una oportunidad única de escucharla con la voz original, y “Mil Años Luz”, que fue recibida con inexplicable frialdad, quizá por ser la tercera balada tras “Hijos de Caín” y “Tierra de Nadie”. Tras el desfile de grandes clásicos, en los que no faltaron “Barón Rojo”, “Los Rockeros Van Al Infierno”, “Breakthoven” o “Caso Perdido”, por sólo citar algunos, la primera pausa llegó tras la siempre celebrada “Resistiré”.

Ya pasaban de dos horas y media de concierto, sabíamos perfectamente que el final llegaba sí o sí, y sólo esperábamos una o dos canciones más como mucho, que fueron “Las Flores del Mal” y, por supuesto, “Siempre Estás Allí”. ¿Eran lágrimas o sudor lo que se limpió Sherpa de los ojos a lo largo de este himno? Sólo él lo sabe. Ahora sí que estábamos seguros de que había terminado, hasta se encendieron las luces y todo.
Pero aún no había llegado la hora límite, fijada por la sala a las 23:30, así que, cuando ya enfilábamos la salida, y ni los mismos barones se lo esperaban, se apagó de nuevo la iluminación y pudieron regalarnos una sorpresa final apurando los últimos minutos, primero con “Casi Me Mato”, y como no sabían muy bien cómo acabar, tiraron por la calle de en medio con las famosas “Czardas”. En total fueron tres horas exactas, casi milimetradas.

Para la mayoría todo terminó allí, pero para los que se gastaron los cuartos en las entradas VIP y para la propia banda, la historia estaba lejos de terminar. Dichos asistentes tenían derecho a acceder al backstage, y en la parte posterior del palacio se montó una enorme cola de fans dispuestos a disfrutar de firmas y fotos con los barones. Sin duda fue una noche agotadora para los músicos de Barón Rojo. Pero una ocasión así bien lo merecía.
Nacho Jordán

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